2/06/08

La última cena










"...El Vinci había terminado el Cristo y los once apóstoles, pero no había hecho más que el cuerpo de Judas, faltaba la cabeza, y el pintor no la acababa de pintar. El prior, molesto por ver su refectorio obstruído tanto tiempo por el andamiaje del pintor, fue a quejarse al Duque Ludovico que pagaba generosamente a Leonardo por aquella pintura. El Duque le hizo llamar y le dijo que le extrañaba tanto retraso. Vinci respondió que a su vez él se extrañaba de las palabras de Su Excelencia, pues la verdad era que no pasaba día sin trabajar dos horas en el cuadro.

Habiendo vuelto a la carga los frailes, el Duque les informó de la respuesta de Leonardo. Señor, le dijo el Abad, no queda por hacer más que una sola cabeza, la de Judas, pero hace más de un año que no solo no ha tocado el cuadro, sino que no ha ido a verlo siquiera. El Duque, irritado, hace volver a Leonardo. Acaso los padres saben pintar, le dice éste. Tienen razón, hace mucho tiempo que no he puesto los pies en su convento, pero se equivocan al negar que yo emplee por lo menos dos horas cada día en esa pintura. Cómo puede ser eso, si no vas por allí. Vuestra Excelencia sabrá que no me queda por hacer más que la cabeza de Judas, que fué el redomado bribón que todos sabemos. Conviene, pues, darle la fisonomía que corresponde a tanta maldad; para ello hace un año y aun puede ser que más, todos los días, mañana y tarde, voy al Borghetto, donde Vuestra Excelencia sabe muy bien que vive toda la canalla de nuestra capital, pero no he podido encontrar todavía una cara de bribón que satisfaga a lo que tengo en el pensamiento. En cuanto encuentre esa cara, acabo el cuadro en un día. si a pesar de todo mis pesquisas son infructuosas, tomaré los rasgos de ese padre Prior que se ha quejado de mí ante Vuestra Excelencia, y que por cierto responden perfectamente a mi propósito. Hace tiempo dudaba en hacerlo por no ponerle en ridículo en su propio convento..."

J. B. Giraldi

30/05/08

La divina proportioni

"...Que las transparentes notas de color de la paleta del pintor grabaron con Honor; desde el principio hasta el final..."




La gracia de Lucas Pacioli...








27/05/08

Se murió Bernardo...



Un ejemplo de integridad periodística................

26/05/08

F.W. Murnau I

Para descargar el video hacé click acá...

364MB

24/05/08

Hombre mirando al sudeste

23/05/08

Leonardo Bigollo

Leonardo Bigollo me comentó una vez que estaba de acuerdo con Borges. Pero criticó su prudencia. Consideraba que no se trataba de merecer. Ningún gobierno deberá ser un fin en si mismo. Aventuró que la ciencia, como él la conocía, demostraba cuan superfluo era el deporte. El deporte sería en ese futuro un medio para hacer ciencia. La originalidad, estaría reservada solamente a apreciaciones científicas.

Leonardo Bigollo, como yo lo recuerdo, era por aquél entonces un ser insignificante. Menudo y fibroso. Con ojos vidriosos. Absortos en la contemplación del porvenir. Su elegancia era intelectual. Todo lo demás, conforme a su filosofía, era circunstancial, insignificante.

Vivía en un recoveco, entre dos plazas triangulares con amplios senderos de asfalto y bancos de concreto. Pero no parecían importarle las razones mundanas del existir. De ser posible no comer, no comería. Tanto así sufría este hombre del escaso tiempo de una vida para razonar y contemplar lo perenne.

La poesía, según el la escribía, era una sinopsis de paradigmas. De axiomas rotativos y versados. Configurados para la rima inmortal y para ser recitados por los alumnos faltos de inspiración. Y así la música, una herramienta de ilustración para acallar disputas. En cierta ocasión le pregunté que lugar en aquel mundo le cabía a la música. Leonardo Bigollo jamás miraba de frente. Se las ingeniaba para hacer dos cosas al mismo tiempo y siempre estaba inmerso en aquel mundo de imaginación tan peculiar. Me contestó intempestivo luego de unos minutos de respetuoso silencio. -Veo a dos o más teorías disputar su veracidad al compás de algún acorde intransigente. -La verdad será entonces para quién mejor ejecute, aventuré. Pero Leonardo estaba ya inmerso en su otro mundo y no me contestó.


Cierto día me encontró, por una de esas casualidades que obran las circunstancias, en Corrientes al mil quinientos. Me saludó taciturno. Se le notaba extraviado como siempre. Su fragilidad me impresionó profundamente. Noté que andaba enfermo. Fuimos, luego de mucho insistir, a tomar un café.


Leonardo me confesó, mientras comía un tostado con olor a humedad, que andaba preocupado por ese algo que yo conocía. Cruel, me hice el desentendido y esperé una aclaración. -El hombre estima superior únicamente aquello que demuestra indiferencia a sus atenciones, incluso si se trata de otro hombre, o quizá un gato. Bigollo dijo esto sin pensar, mientras saboreaba mi regalo, me sentí tan descubierto. Quise creer que mi cara no denotaba cuan desorientado estaba en realidad. Pero lo observé y noté inmediatamente que Leonardo andaba absorto siguiendo los pasos de algún peatón indiferente.

El cafecito se le enfriaba en la mesa. Impaciente interrumpí su considerar perpetuo. Le comenté que había andado por la biblioteca. Y Carmen, la señora de la puerta, había preguntado por él. -Hace rato que no le veo al señor Leonardo Bigollo. Le reproduje. Leonardo me miró fijo por primera vez en muchos meses. -Ya no necesito de los libros Miguel, hace tiempo que sospechaba que no los necesitaba más. Pero ahora lo se con absoluta certeza, me confesó.

Me contó que en vistas del automatismo que había adquirido su mundo, toda originalidad dependía por entero de la observación, la imaginación había perdido definitivamente su chispa mágica. Todo nuevo recurso dependía enteramente de existir en la naturaleza. El hombre era impotente en la creación de hipótesis. -Y vos sabes (exclamó) cuan importantes son las hipótesis Miguel.


Después de ese cafecito que nos tomamos, a Leonardo no lo vi más. Pasé por su casa algunas veces pero ahora era un quiosco. Un vecino me dijo indiscreto -Leonardo se fue para los Estados Unidos. Pero nunca creí esos comentarios. Algún recuerdo macabro me hace verlo en el rostro de algún desconocido mientras voy camino al trabajo. O mientras dedico algunas palabras corteses a Carmencita. Que lo extraña y según adiviné, lo amó apasionadamente.

Me consuelo en su ausencia, necesitado de su misterio, recordando su cara macilenta, su saber casi perfecto y su considerar eximio. Quién sabrá que clase de hombre anduvo por esas calles grises y perversas. Y alguna que otra lágrima lo evoca impotente.

22/05/08

Bianca Capello





"...Hacia el año 1563, Pietro Buonaventuri, joven florentino, discreto y sin fortuna, abandonó su patria en busca de mejor suerte. Se alojó en Venecia en casa de un comerciante de su país, situada en la callejuela trasera del palacio Copello. La fachada, según la costumbre, daba al canal. En toda la ciudad no se hablaba más que de la belleza de Bianca, la hija del dueño del palacio, y de su severidad para guardarla.

Bianca no podía asomarse con ningún pretexto a las ventanas que daban al canal; para desquitarse salía a tomar el aire todos los días a una ventana muy alta que se abría sobre la estrecha calle que habitaba. Buonaventuri la vió y la amó. ¿Pero cómo conseguir hacérselo saber? ¿Cómo un pobre comerciante podía pretender a una joven de la primera nobleza y la más festejada de toda Venecia? Procuró olvidar su quimérica pasión. El amor le volvía a llevar siempre bajo la ventanita. Un amigo, viéndole desesperado, le argumentó que más valía encontrar la muerte buscando la felicidad que perecer como un necio y que tal vez con su buena presencia y la tiranía del padre, dar a conocer su pasión sería triunfar.


A fuerza de gestos vehementes cuando nadie pasaba por la calle, Pedro llegó a hacerla comprender que la amaba. Pero no se trataba tan sólo de penetrar en la mansión del más fiero de los mortales. Como en Oriente, la menor tentativa sería castigada con la muerte, tal vez de los dos amantes. La necesidad hizo que la desdeñosa beldad consintiera en procurarse la llave de una puertecilla que se abría sobre la calle y a conceder una entrevista al joven florentino, paso arriesgado que sólo podía intentarse por la noche durante el sueño de las gentes de la casa. Las tiernas entrevistas se renovaron y con el resultado que es de presumir. Bianca salía todas las noches, dejando la puerta entornada, y regresaba antes de romper el día.


Una noche demorase en los brazos de su amante. Un panadero que iba muy de mañana a llevar pan a una casa vecina, viendo la puerta entreabierta creyó oportuno cerrarla.


Bianca llegó un instante después, se vió perdida y tomó su partido. Vuelve a subir a casa de Buonaventuri; llama dulcemente; el abre. La muerte era segura para ella. Se unieron sus destinos, corrieron a pedir asilo a un rico comerciante florentino establecido en un barrio lejano. Antes que el día acabase de nacer, todo estaba arreglado y su evasión no podía ser denunciada por la menor huella. Lo difícil era salir de Venecia.


El padre de Bianca, y sobre todo su tío Grimani, patriarca de Aquileya, estallaron en la más violenta indignación; pretendían que toda la nobleza veneciana quedaba ofendida en ellos. Hicieron encarcelar a un tío de Buonaventuri, que murió en la prisión; obtuvieron del Senado la orden de perseguir al raptor, con una recompensa de dos mil ducados a quien le matare. Se enviaron asesinos a todas las ciudades de Italia.


Los dos amantes permanecieron en Venecia. Veinte veces estuvieron a punto de ser descubiertos. Diez mil espías, los más finos del mundo, ansiaban los dos mil ducados. Por fin, una barca cargada de heno engañó a todo el mundo y pudieron ganar Florencia. Allí se mantuvieron ocultos en una casita que Buonaventuri poseía en la Vía Larga. Bianca no salía nunca; él sólo lo hacía bien armado. Ocurría esto en los días en que Cosme I, hastiado de los disimulos y perfidias que le habían dado el poder, renunció los afanes del gobierno en su hijo Francisco, más sombrío y severo que él. Un favorito le avisó que en una casita de su capital vivía escondida aquella Bianca Copello, cuya belleza y misteriosa desaparición tanto ruido habían hecho en Venecia. Desde aquel momento, Francisco vivió una nueva existencia; todos los días se le veía pasear horas y horas por la Vía Larga. Procuró por todos los medios llegar hasta Bianca; no obtuvo ningún resultado.


Bianca, que no salía nunca, se asomaba a la ventana cubierta con un velo; pero el príncipe podía entreverla, y su pasión no tuvo límite.


El asunto le pareció serio al favorito. Se confió a su mujer, quien, deslumbrada ante el favor que alcanzaría su marido si la favorita del príncipe le debía su posición, escogió como pretexto las desdichas sufridas por la joven veneciana y los peligros que aún la amenazaban. Por medio de una venerable matrona, la hizo saber que una gran dama tenía algo importante que comunicarle y que para hablar con toda libertad le rogaba fuera a comer a su casa. La invitación les pareció bastante rara a los amantes, y dudaron algún tiempo; pero el rango de la dama y la necesidad que tenían de protección, les decidió. Bianca fue. No son para referir la amabilidad y el cariño de la acogida. Le fue preciso contar su aventura, escuchándosele tan halagüeños, que tuvo que prometer volver y aceptar una amistad que apenas nacida era ya apasionada.


El príncipe, encantado con esta primera entrevista, esperaba intervenir en la segunda. Bianca recibió pronto una nueva invitación. La conversación recayó en los peligros de la venganza de un padre irritado. Había ejemplos terribles. Por fin le preguntaron si le agradaría ser presentada al príncipe heredero, quien, habiéndola visto en la ventana, no había podido menos de admirar tantos encantos y deseaba vivamente presentarle sus respetos. Bianca turbóse levemente; aquel honor que le hacían, si bien peligroso, ponía fin a todas sus angustias; y aunque afectase rechazarlo la dama, creyó ver en sus ojos que un poco de atrevimiento no le ofendería demasiado. Entretanto, llegó el príncipe aparentando naturalidad y honradez; sus ofrecimientos, la modestia de sus maneras, sus respetuosos elogios, alejaron cualquier desconfianza; Bianca apenas tenía mundo, y no vió en él más que un amigo. El propio Buonaventuri no creyó conveniente romper aquella relación, que podría ser a la vez honrosa y útil.


Pero el príncipe estaba perdidamente enamorado. Bianca, un poco aburrida de pasar encerrada sus floridos días lo mismo en Florencia que en Venecia, le debía el poder salir sin temor. Él aumentó con diversos pretextos la fortuna del marido, e interesó cada vez más a la mujer por la sencillez y la ternura de su trato. Bianca resistió mucho tiempo; pero al fin Buonaventuri terminó por formar con Bianca y Francisco lo que en Italia se llama un Triángulo equilátero.


La joven pareja ocupó una gran casa en el barrio más hermoso de Florencia. El marido se adaptó pronto a su nuevo estado y alternó con la nobleza, que, como es de suponer, le recibió muy bien; pero, orgulloso de su nueva posición, alardeó de ella con una insolencia bastante ridícula. Insolente y temerario con todo el mundo, incluso con el príncipe, acabó por dejarse asesinar.


Este incidente no preocupó mucho a los dos amantes. La amabilidad y la inconsciente alegría de la joven veneciana (las venecianas son las francesas de Italia), cada día tenían más cautivado al príncipe. Cuanto más sombrío y preocupado estaba Médicis, más necesitaba distraerse con la vivacidad y los encantos de Bianca. Nacida en opulencia, amante del lujo y no creyéndose, con razón, inferior a nadie por su cuna, se paseaba como soberana por las calles de la capital. La verdadera soberana, la llamada –no sé porqué- reina Juana, tomó la cosa por lo trágico, y encontrándola un día en el puente de la Trinidad, dio orden de tirarla al Arno. No lo hicieron, y al poco tiempo murió de dolor. El gran duque, impresionado por su muerte y cediendo a los reproches de su hermano, el cardenal Médicis, se alejó por algún tiempo de Florencia para romper con Bianca. Llegó hasta dar la orden de desterrarla de Toscaza. Pero, ¿cómo contrarrestar en un corazón sombrío el ansia de ser amado, el encanto de una mujer alegre y cariñosa? Bianca, que tenía ingenio, ganó a su confesor y menos de dos meses después de la muerte de la Gran Duquesa, se casaron en secreto.


El Gran Duque comunicó su boda a Venecia. Una deliberación de los pregadi proclamó a Bianca hija adoptiva de la República. Se enviaron a Florencia dos embajadores con un séquito de noventa nobles para solemnizar, a la vez, la boda y la adopción por San Marcos. En las fiestas celebradas en esta ceremonia, tan halagadora para la bella veneciana, se gastaron trescientos mil ducados.


Fue Gran Duquesa. Hay un retrato suyo en la Galería de Florencia. Tal vez sea debido al duro estilo del Bronzino; pero en aquellos ojos tan hermosos, brilla algo funesto.



Bianca halló en las gradas del trono a todas las furias de la ambición. Hasta entonces sólo había sido una mujer bella y amorosa. Quiso dar un heredero a su marido, para no ser algún día súbdita de su cuñado. Se consultó a los astrólogos de la corte, y se dijeron innumerables misas en ruego. No obstante, nada resultó efectivo. La Duquesa recurrió a su confesor, capuchino del convento de Ogui Santi, de manga ancha, que se encargó de llevar a buen fin la gran empresa. La duquesa tuvo mareos, náuseas, hubo de guardar cama y recibió las enhorabuenas de toda la corte; el Gran Duque estaba encantado.


Llegó la época del parto. Bianca fue asaltada una noche por dolores tan intensos, que reclamó con impaciencia a su confesor. El cardenal, enterado de todo, bajó a la antecámara de su cuñada y se puso a pasear leyendo su breviario. La Gran Duquesa le envió recado, rogándole se retirase; no quería obligarle a oír los gritos que el dolor iba a arrancarle. El cruel cardenal respondió fríamente: …Dite a Sua Altezza che attenda pure a fare lóffizio suo, che io dic oil mio...


Llega el confesor. El cardenal se dirige hacia él y le abraza piadosamente, diciéndole: “Bien venido, padre; la princesa tiene gran necesidad de vuestra presencia”. Y al estrecharle entre los brazos, advierte la presencia del robusto niño que el capuchino traía oculto en la manga. “¡Alabado sea Dios! –exclama el cardenal - ¡La Gran Duquesa ha parido, y es niño!”, y enseña su falso sobrino a los cortesanos, que se hallaban absortos.


Bianca oyó la conversación desde el lecho, e imaginad su indignación ante el fastidio y el ridículo de tan larga farsa. El amor del Gran Duque calma su inquietud respecto a la preparación de su venganza. Llegó la ocasión. Fueron los tres a la hermosa villa de Poggio, en Cajano, y se sentaron a comer en la misma mesa. La Duquesa, que sabía que el cardenal gustaba mucho del manjar blanco, hizo preparar un plato envenenado. El cardenal fue advertido, pero no dejó de concurrir a la mesa como de costumbre; y a pesar de las reiteradas instancias de su cuñada, no quiso probar el contenido del plato. En tanto, mientras discutí con ella, el Gran Duque dijo: “Si mi hermano no quiere su manjar favorito, yo lo comeré”, y se sirvió un plato. Bianca no podía impedirlo sin descubrir su crimen y perder su amor para siempre. Comprendió que todo había acabado para ella y tomó su decisión con la misma rapidez de antaño, cuando encontró cerrada la puerta de la casa de su padre. Sirviese entonces del manjar blanco, como su marido, y los dos murieron el 19 de octubre de 1587. El cardenal sucedió a su hermano, adoptando el nombre de Fernando I, y reinó hasta el año 1608..."





"Confesiones de Benvenuto Cellini"



(Historia de la pintura en Italia. Henri Beyle)

21/05/08

Matinèe


20/05/08

Fiestas Clean









Intempestivamente una página recién cargada devela lo siguiente “El auge de las fiestas clean en Bs As”. Este ha sido siempre un país eminentemente importador, podemos decir que suplantando la falta de genialidad interna, importamos aquello que nos identifica, como argentinos desde luego, apropiándonoslo. Pero de un modo casi violento. Es decir, se elimina aquella propiedad intelectual ajena al argentino y se le apadrina casi como un ente que cumple con la sola función de representarnos. Seguramente, en aquel país de donde proviene el exabrupto también.




En este caso, anecdótico y secular, se trata de una modalidad de fiestas que no solo incorporan la cuota distintiva de ser faltas de alcohol, o de drogas en general. Sino que, y el título de ´Clean´ algo les habrá dicho, suponen la falta de gente fea. ¿Fea?. Sí señor; FEA.




Poniendo en claro las cosas, podríamos decir que en estas fiestas todo suceso significa de por sí un éxito. No hay gente fea. En sí, no nos comprometemos con términos divagantes. Sino el llano significado y no su perfil filosófico. Gente FEA. Gordos. Gente con acné. Gordas. Eso está terminantemente prohibido a la hora de apersonarse en estas calamidades mensuales que organiza la GESTAPO devenida en “Sede Palermo de la Universidad de Yoga”. –Aquí nos avenimos a tomar jugo dice el gurú representante del movimiento neonazi al estilo latinoamericano. Un Brasilero que entiende, y mucho, de avivadas criollas. Y según podemos apreciar, la gente de Palermo (gente hermosa si las hay) lo ha recibido como uno más. ¿Es el argentino un avivador de giles?



16/05/08

"To be, or not to be...

...That is the Question:
Whether 'tis Nobler in the minde to suffer
The Slings and Arrowes of outragious Fortune,
Or to take Armes against a Sea of troubles,
And by opposing end them: to dye, to sleepe
No more; and by a sleepe, to say we end
The Heart-ake, and the thousand Naturall shockes
That Flesh is heyre too? 'Tis a consummation
Deuoutly to be wish'd. To dye to sleepe,
To sleepe, perchance to Dreame; I, there's the rub,
For in that sleepe of death, what dreames may come,
When we haue shuffel'd off this mortall coile,
Must giue vs pawse. There's the respect
That makes Calamity of so long life:
For who would beare the Whips and Scornes of time,
The Oppressors wrong, the poore mans Contumely,
The pangs of dispriz'd Loue, the Lawes delay,
The insolence of Office, and the Spurnes
That patient merit of the vnworthy takes,
When he himselfe might his Quietus make
With a bare Bodkin? Who would these Fardles beare
To grunt and sweat vnder a weary life,
But that the dread of something after death,
The vndiscouered Countrey, from whose Borne
No Traueller returnes, Puzels the will,
And makes vs rather beare those illes we haue,
Then flye to others that we know not of.
Thus Conscience does make Cowards of vs all,
And thus the Natiue hew of Resolution
Is sicklied o're, with the pale cast of Thought,
And enterprizes of great pith and moment,
With this regard their Currants turne away,
And loose the name of Action."

13/05/08

Jorge Luis Borges

Entrevista a uno de los más grandes escritores de todos los tiempos...




Para descargar el video hacé click acá...

12/05/08

Deep Purple

Tuviste un día difícil? Revitalizate...




Para descargar el video hacé click acá...


281MB

11/05/08

Acertijo

Hay 5 casas. Pintadas con cinco colores distintos entre sí. Cada una de ellas está ocupada por una persona de nacionalidad diferente. Cada uno de los dueños se siente inclinado por una bebida distinta. Fuman cigarrillos diferentes. Y tienen mascotas diferentes entre sí


Claves:

El Paraguayo vive en la casa roja.

El Boliviano tiene un perro.

El Uruguayo toma té.

La casa verde esta a la izquierda de la blanca.

El dueño de la casa verde toma café.

La persona que fuma Pall Mall tiene un pájaro.

El dueño de la casa amarilla fuma 43/70.

El que vive en la casa del centro toma leche.

El Chileno vive en la primera casa.

La persona que fuma jockey club vive al lado del que tiene un gato.

La persona que tiene un caballo vive junto a la que fuma 43/70.

El que fuma Marlboro bebe cerveza.

El Brasilero fuma particulares 30.

El Chileno vive junto a la casa azul.

El que fuma jockey club tiene un vecino que toma agua.


¿Quién es el dueño del pez?

10/05/08

Words and Thoughts in RGB


Words and Thoughts in RGB from Eduardo Morais on Vimeo.

9/05/08

Visitante ilustre

"...Los argentinos son italianos que hablan español y se creen franceses..."

Octavio Paz